17.07.2019 |
Esmeralda Ponce
12:28
15/02/19

Vivir antes de tiempo

Vivir antes de tiempo

Mientras el ser humano está en desarrollo, es común que trate de imitar a sus mayores, que son sus modelos más cercanos. Así nos vamos formando cada uno hasta que llega la complicada adolescencia. Es un período realmente difícil donde los patrones de funcionamiento  más cercanos empiezan a ser cuestionados y se escogen otras figuras referentes, seguramente rompedoras, con las que intenta desarrollar estilos personales en busca  de la propia individualidad.

Hasta aquí es algo que todos hemos experimentado, más o menos según nuestras circunstancias y culturas de origen. Pero un número significativo de adolescentes prueba a tener experiencias que corresponden a etapas posteriores sin medir las consecuencias. Es como si quisieran avanzar  tres o cuatro años en el tiempo de desarrollo para probar antes que sus iguales cosas que por evolución deberían pasar más adelante.

Es normal explorar lo desconocido, querer emular a los ídolos, seguir patrones que les llaman la atención. Lo que no es conveniente es que reciban el mensaje distorsionado de que  todo les está permitido, que todo se lo merecen y que no debemos frenar sus impulsos. De los límites también se aprende. Se puede probar sin necesidad de asomarse a un abismo o a tener una carrera sin freno que puede terminar  en situaciones fuera de control.

La tentación de lo prohibido siempre ha estado ahí;  la presión del grupo de iguales puede ser muy fuerte y llevar al joven a excederse para ser aceptado en el clan. Del tipo de situaciones que decidan enfrentar también aprenderán. Todos podemos recordar  experiencias de ese tipo.

Lo importante es que sea un recuerdo de lo vivido, pero sin quedar enganchado en prácticas peligrosas o deshonestas. Nos corresponde orientar y acompañar para que, si consumen algo prohibido, puedan  sacar conclusiones sanas de hasta dónde se debe llegar, para que no repitan experiencias que deterioran su propio desarrollo y dificultan su evolución positiva justo en una etapa tan determinante para quienes serán nuestros adultos y dirigirán nuestra sociedad.

Enfrentar el disgusto del adolescente por los límites puede ser difícil. Comprender sus impulsos y evitar que corran más de la cuenta es nuestra responsabilidad.

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