23.10.2018 |
Esmeralda Ponce
12:48
31/05/18

Orgullo

Cuando nos damos cuenta de que en nuestra ciudad convivimos personas de más de veinte nacionalidades distintas en una armonía admirable, podemos sentirnos orgullosos de nuestro respeto y aceptación a la diversidad cultural y de lo altamente positivo que es para nuestros pequeños convivir en este entorno de igualdad pacífica.

En la etapa de formación de valores del ser humano, nuestros niños están adquiriendo sin darse cuenta unas herramientas que les serán indispensables en el futuro de un mundo globalizado.

Con nuestro comportamiento cívico y trato respetuoso a lo que nos rodea, incluyendo la vecindad diversa,  seguramente ellos  al crecer, valorarán aquellas formas de relacionarse que les enseñamos con naturalidad y se esforzarán por trabajar en sus comunidades futuras, esperemos, trabajando y aportando por la paz.

En un mundo tan convulso, con conflictos de distinto calado que son problemas a resolver al fin y al cabo y que los más jóvenes escuchan o debaten, es importante que el ejemplo que reciban tanto en casa como en el resto de los ambientes de la ciudad que frecuentan (actividad extra escolar, pista de juegos, parques, escuelas, etc.), sea el de la tolerancia; la aceptación respetuosa y de buena voluntad de quien tengamos cerca.

La convivencia pacífica es de las mejores cosas que le aportamos a nuestra infancia y que desde ya podemos sentirnos orgullosos de practicarla, en el parque, en la calle, en la puerta de la escuela... No hace falta saber la historia personal del otro para aceptar que, en el fondo, cada ser  humano, intenta encontrar esa vida en armonía. Nos acercamos cada vez más a ese objetivo común con esfuerzo y buena voluntad. Alegrémonos por ello.

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