22.10.2019 |
Esmeralda Ponce
12:25
29/06/17

Lo que ven

Estamos cansados de oír que los niños hacen lo mismo que ven hacer a sus mayores. El adulto que resuelve las cosas gritando puede ver normal que sus pequeños hagan lo mismo en diferentes situaciones. Otro tanto pasa con lo que les mostramos, ya sean acciones positivas o negativas: los pequeños las asimilan para aplicarlas en situaciones en las que puedan ver similitudes.

Debemos preguntarnos si lo anterior se puede considerar como base  de las conductas agresivas que algunos jóvenes ejercen contra sus parejas, ya que después de tantos años analizando por qué sigue pasando lo mismo -si se supone que se les educa en igualdad, respeto y consideración al otro- la tragedia continúa. Tantas campañas en los medios, y en las escuelas, da la impresión  de que no han calado, que no llegaron nunca a la meta, que algo se perdió en el camino. Si ya hace  años que se trató de corregir este fenómeno con diversas acciones, y los sucesos relacionados asociados continúan en aumento, es bueno que consideremos que, a lo mejor, puede ser que haya algo más allá: ¿quizás en el entorno familiar o social más cercano?

Existen familias donde se considera que a los niños se les debe complacer para que no se frustren y así, en consecuencia,  no desarrollan tolerancia alguna  frente a lo que no sea como ellos quieren; otros ven cómo los mayores no están de acuerdo y aprenden a sacar partido de las diferencias con diversas estrategias. En otros casos, ven que en casa las cosas se resuelven imponiéndose el más fuerte. No siempre, ni en todos los casos, pero igual sería constructivo observar lo que ellos ven, para poder comprobar que, lamentablemente, repiten nuestros esquemas.

Sin darnos cuenta, formamos a unos para imponer su voluntad de cualquier manera; y a otros les enseñamos a evitar el conflicto de forma poco asertiva, permitiendo que el dominante tenga la última palabra.

Si antiguamente las normas sociales decían que ellas se debían a ellos, es algo que forma parte de la historia; fue un hecho que se corrigió con mucha lucha y paso a paso hasta llegar a la igualdad de oportunidades y derechos. Si bien no es igual en todas partes del mundo, al menos en nuestra realidad cercana se trata de aplicarlo para bien de todos.

Es por eso que tenemos la obligación de revisar si a nuestro alrededor damos mensajes equivocados, donde les hacemos creer que está bien que alguien les controle, grite o amenace como muestra de afecto;  y que otros tienen derecho a imponer su voluntad de forma agresiva por falta de control emocional o por un sentimiento de superioridad mal entendido.

La sociedad es responsabilidad de todos, y lo que pasa afuera comienza por casa.  Evitemos que los pequeños se confundan en lo que es correcto porque nuestra manera de funcionar es el espejo en el que se miran, no en nuestra palabra.  

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