26.06.2019 |
Alexandra Conejo
11:27
06/06/19

Adaptarse o morir

Todos llevamos en el fondo de nuestro ser la esencia de un soñador. ¿Pero nuestros sueños nos conducen realmente a algún lugar? La vida es un cambio constante y es imposible permanecer inmune frente a la transformación. ¿Entonces es necesario renunciar o adaptarse?

El soñador conformista renuncia. Transcurre la mayor parte del día encerrado en su mente, imaginando su vida ideal, refugiándose en sus fantasías, pero no materializa nada porque tiene poca fe, no se cree merecedor de sus propias ilusiones y decide aceptar la vida que la sociedad le impone para sobrevivir a pesar de ser infeliz.

El esclavo de sueños se empecina. Tiene grandes metas y objetivos y un mapa de cómo alcanzarlos, pero si la manera que tiene ideada no le acompaña es incapaz de valorar otras vías y de aprovechar los recursos que tiene a su alcance. Tal vez sea el ego por creerse más listo que el propio transcurso de la existencia, o tal vez la ingratitud al no extraer el jugo a todo lo que posee por no encontrarle ningún valor.

El soñador camaleónico se adapta. Tiene la facilidad de soñar como un niño, tiene claras sus metas y las baja a tierra con madurez, yendo tras ellas con los recursos que tiene a su disposición. Es lo suficientemente abierto y creativo como para encontrar salidas donde los demás sólo ven muros infranqueables. No tiene un mapa fijo, la brújula es su alma, que le susurra en todo momento los pasos a seguir.

Las personas tenemos sueños y jamás deberíamos renunciar a ellos, pero sí deberíamos ser capaces de renunciar a la manera de llegar a ellos si es necesario. Por ello adaptarse no significa renegar de tus sueños, sino justamente todo lo contrario: hacer lo que sea necesario para hacerlos realidad. Precisamente, la única manera de adaptarse correctamente es siendo uno mismo, pues estás tan seguro de quién eres que no temes perder tu identidad por el camino.

Adaptarse es fluir, confiar en que la vida es tu aliada y no tu enemiga, y por ende siempre te acabará acercando al camino donde crece tu sueño. El sueño siempre está allí esperando por ti, pero primero hemos de hacernos dignos de él y adquirir la capacidad para mantenerlo a largo plazo. No busques atajos, ni abandones, simplemente sigue caminando con la fe de un niño, la fuerza de un joven y la sabiduría de un anciano.

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