09.12.2019 |

Torero

Siempre he sentido cierta curiosidad por saber por qué a los hombres les obsesiona tanto eso de los cuernos. Aquellos a los que dicen temer por cuestiones de infidelidad y aquellos a los que pudiendo observar a una cierta distancia se arrojan sin más miramientos.  Llegada a este punto, lo que me queda claro es que entre fiesta y cuernos existe una estrecha relación. A veces me pregunto si no fue la santa madre iglesia quien dio nombre a los primeros. En todo caso, cabe afirmar que tiene mucho que ver con los segundos y con la tauromaquia en general. Si hay algo que el mundo conoce acerca del Estado español son los toros y la Fiesta. “San Fermin Party… Getting drunk…”

 


La fiesta grande pamplonica es sin duda alguna un marco ideal para el desenfreno, la embriaguez, y dejémonos de romances, la promiscuidad y los cuernos.  Entre otras cosas porque te la pasas bebiendo y transitando por calles atestadas de sudor y orines. Apretujada en el medio un gentío que entre cerveza y vino se te arriman todo lo que pueden y del cual es difícil escapar, si lo que pretendes es vivir el espíritu de la fiesta desde dentro.

 


Claro que una no es de piedra y ante tanta abundancia siempre hay... En fin, el Encierro. No sé decir si es emocionante o patético ver a cientos de hombres embriagados, o no, envalentonarse alrededor de las astas de los toros. Seis bravos que, encajonados por la muchedumbre, deslizan sus seiscientos kilos sobre el asfalto recreando una especie de danza temeraria que tiene tanto de mágica como de tortuosa.

 


A mí lo que me inquieta de todo esto no es el saldo de la chulería torera ante este tipo de cuernos, decenas de heridos por temporada y pocos muertos. Lo que considero deplorable es la actitud de una parte demasiado extensa de la sociedad ante uno u otro tipo de cornadas. Si uno va de torero va, y punto. Por eso debe asumir las lesiones derivadas del riesgo de enfrentarse a situaciones complejas y contradictorias en la vida aceptando, con dignidad, que ante la “cogida” no cabe otra que dejar sanarla herida.

 

 

 

 


Cambio de registro: va por las decenas de mujeres que cada año son brutalmente asesinadas por maridos, novios o amantes que justifican sus crímenes en los cuernos.   

 

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