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Diari digital de Mollet i el Baix Vallès
Esmeralda Ponce
12:33
28/09/17

Enfrentados

Se está volviendo muy frecuente la división de opiniones en dos bandos, y sin darnos cuenta podemos entrar en ese peligroso juego que afecta la convivencia pacífica.

Si revisamos la historia universal, casi todos los conflictos bélicos se han desencadenado a raíz de las ideas enfrentadas entre dos opiniones contrarias, en los que ambos dicen tener la verdad de su lado, sin dar la más pequeña oportunidad a considerar el planteamiento del otro… lo que en sí mismo demuestra la misma incapacidad para aceptar así sea una mínima dosis de verdad en el contrario.

Las razones que más se esgrimen en los conflictos suelen ser por poder territorial y económico, o por creencias. En todos los casos quienes se enfrentan son unos pocos, pero consiguen con sus arengas que los sigan gente que cree en su palabra, y de eso se aprovechan los interesados.

Una de las estrategias es descalificar al contrario: primero con manipulación del lenguaje, y  de los hechos según convenga; más adelante con ridiculización de la condición del otro y, por último, la demostración de poderío por la fuerza, primero de la palabra, para pasar a usar gestos amenazantes y llegar a los inevitables daños posteriores.

Desde nuestros abuelos hemos aprendido el valor de la buena convivencia,  ahora, que nos la pasamos defendiendo la igualdad de género, el respeto a las minorías, la solidaridad con quien está en apuros, y, sobre todo, cuando se creía que se nos había educado para la paz, la empatía haca los otros y el respeto por las diferencias, no debiéramos permitir que nuevos conflictos nos traigan a épocas ya superadas donde pueda  imperar la desconfianza y el miedo. Más peligroso aún: estamos dando un mensaje distorsionado a los jóvenes, y a los que no son tanto,  en el que el uso de la violencia, así sea verbal, está aceptada.

Para todos los males existe algo de eficacia comprobada: continuar en paz, comprendiendo, ayudando, aguardando la participación sabia del tiempo, con la seguridad de que lo que no será bueno para los otros tampoco será bueno para nosotros, sabiendo que las heridas tardan tiempo en sanar, que  discutir no alimenta y que reparar cuesta más que no dañar.

Sólo basta proponérselo cada uno individualmente. Evitar los enfrentamientos estériles y convertirnos más bien en eslabones para extender la calma, la comprensión y la buena convivencia: virtudes que determinan el lugar y espacio que ocupamos. Que el respeto por la diversidad sea una de nuestras señas de identidad. Sin estériles enfrentamientos.

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